Historia

80. Leer y escribir historia. Entrevista a Richard Kagan

Inauguramos en este programa una serie de entrevistas que nos llevarán a conocer de primera mano la experiencia cotidiana de un número de historiadores y aunque no queremos darles un formato demasiado rígido de antemano, si conviene marcar distancias respecto a otros “géneros” bien establecidos. Esto es, decir qué es lo que no tratamos de hacer. No se trata, en primer lugar, de hacer un programa de autobiografía. Son bienvenidos, por supuesto, los comentarios autobiográficos imprescindibles para amarrar la descripción de los métodos de trabajo, pero el objeto que estamos escrutando no es el historiador en concreto que analizamos, sino sus métodos, su modo de trabajar, su práctica diaria. No se trata tampoco de la historia de alguno de los libros o artículos publicados por él o ella. Tampoco no nos interesan, primordialmente los contextos intelectuales, ni las referencias a grupos de trabajo, redes de amigos, influencias notables de mentores, colegas. Nos interesan, claro está, pero en el mismo plano que las referencias a los contextos políticos o a las opciones ideológicas que estaban en juego en los momentos de escritura.

Para quien no conozca a Richard Kagan hay que recordar que es autor de Estudiantes y sociedad en la castilla moderna, Lawsuits and litigants, Los sueños de Lucrecia (sobre profecía y política en tiempos de Felipe II) y de otros muchos libros acerca de la inquisición y los testimonios de quienes pasaron por el tribunal eclesiástico, sobre las vistas urbanas españolas y el urbanismo de las ciudades hispanoamericanas, sobre cartografía de la edad moderna, etc. Su último libro, Los cronistas y la corona, trata de la escritura de la historia oficial y ha sido recientemente traducido al castellano (aquí puedes descargar la introducción). Fue editor con Geoffrey Parker de España, Europa y el mundo atlántico (libro homenaje a John Elliott) y profesor en la Universidad Johns Hopkins desde 1972.

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Una de las inspiraciones principales de esta serie de entrevistas es un libro. Se titula El taller del historiador y fue editado en 1970 por L. P. Curtis Jr. Os dejamos aquí una cita:

“taller” en que los historiadores conciben sus proyectos, reflexionan sobre ellos, buscan pruebas, levantan estructuras, las modifican, deambulan por los archivos, leen atentamente bibliografías y catálogos de libros, compilan tarjeteros, toman y clasifican notas, escriben una versión tras otra, pulen la prosa y modifican las galeras de sus libros y artículos […]

El foco de esta serie de entrevistas son, por lo tanto, los modos de leer y de escribir de los historiadores. Por esta razón todas ellas estarán siempre divididas en dos partes. La primera tiene por objetivo conversar acerca de los modos de lectura, las técnicas de anotación y las estrategias de comprensión que emplean habitualmente los historiadores. En la segunda de ellas trataremos de ese momento, que me atrevo a llamar “alquímico”, en el que lentamente una sucesión de letras que conforman palabras va apareciendo sobre una hoja de papel en blanco o sobre la pantalla de un ordenador. El momento de la transformación, de la expresión material del trabajo y la mente del historiador. Y, naturalmente, todo lo que le rodea, pero sólo en ese orden.

Richard Kagan nos explicó que hay dos modos de leer sus libros. Una lectura de incursiones, en busca de información concreta, y guiada muchas veces por las sugerencias del índice (que considera de máxima importancia), es la que practica habitualmente con los libros “de su especialidad”. Otros libros, también de historia pero más alejados a sus intereses puramente profesionales, los lee sin embargo de principio a fin, atendiendo al argumento y al modo en que el autor es capaz de desarrollar la historia que tiene entre manos. Kagan nos dejó entrar en ese mundo de la escritura histórica del que su gato Roxy, incapaz de abrir la puerta de su casa a la calle, le sacaba cada día, recordándole que “más allá de la historia está la vida”. Nos contó la estrecha colaboración con su mujer, primera lectora y crítica de todo lo que él escribe, y nos habló de la importancia fundamental que para él tiene la arquitectura general de un libro. Lo primero que hay que saber es qué se quiere contar y esto tiene que empezar por la escritura de la introducción o primer capítulo, sin el cual no es posible, según Kagan, desarrollar el libro.

Elegimos música de Jacob van Eyck, Der Fluyten Lust-hof (El jardín de los placeres de la flauta). Se trata de la mayor colección de solos para flauta de la edad moderna, con una serie de variaciones basadas en temas tan diversos como psalmos calvinistas, danzas, éxitos del momento y canciones irreverentes. Esto es, piezas para un instrumento que era tocado en la corte, la calle, la iglesia, los burdeles y las tabernas. El compositor fue un noble ciego, científico y encargado de tocar las campanas de la iglesia de San Juan de Utrecht, que vivió entre 1589 y 1675. El libreto, publicado en la propia época por Paul Matthysz y reeditado en numerosos ocasiones en vida del propio van Eyck, recoge las improvisaciones que solía llevar a cabo en el jardín adyacente a la iglesia.